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Opinión: La Infanta está triste, ¿qué tendrá la Infanta?

La Infanta está triste, ¿qué tendrá la Infanta? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color ¿perderá el juicio, también?

Traigo la sonetina de Rubén Darío, que viene al pelo aunque nuestra Infanta no parece que haya perdido la sonrisa, de momento (por lo apreciado en las imágenes de televisión y por su saber estar, no como el advenedizo de su marido, que iba descompuesto camino del juzgado).

Mucho se ha hablado y escrito, y lo que queda, sobre la imputación de la Infanta. Sólo me voy a detener en un aspecto en este artículo de opinión. Y es que los comentarios surgidos a partir de sus «no sé, no me consta, no recuerdo…» parece que han sorprendido a todos y me pregunto. ¿Pero qué esperaban que dijera a las preguntas del juez Castro? Como cualquier hijo de vecino, la inocencia se le presume (aunque ya haya sido condenada mediáticamente como consorte) y está amparada por los derechos constitucionales que no la obligan a declarar en su contra.

¿Alguno conoce a un imputado que reconozca ante el juez todos aquellos hechos delictivos que se le imputan? Lo primero que uno dice a la famosa pregunta….cómo se declara usted, es INOCENTE. Incluso aquellos que en una primera declaración ante la Policía o Guardia Civil reconocieron los hechos, una vez ante el juez, y asesorados por su abogado, negarán la mayor, dirán que no saben nada, que son inocentes e incluso, que fueron coaccionadas para autoinculparse.

Así, Cristina, lista que es y preparada por unos magníficos letrados se ha limitado a hacer lo que todos hubiéramos hecho…no señoría, no me acuerdo, no sé, no me consta.

Su Alteza se ha comportado como lo habría hecho el más humilde de sus súbditos.